Como decíamos hace unos días, ¡¡ya hemos visto la película “La Última Cima”!!. Con el cine a rebosar y con nuestras entradas ya rotas en los bolsillos entramos a ver 82 minutos de una de esas películas que no deja a nadie indiferente.

La crítica perfecta que podríamos hacer sería publicar una imagen con todo el cine aplaudiendo al final o con las caras de alegría y emoción de los que salíamos del cine.

Estas imágenes no las tenemos, pero si contamos con la crítica que ha hecho D. Pedro J. Lamata, cura de jóvenes de la parroquia San Germán, no te pierdas su crítica y lo que es más importante: ¡¡corre al cine a verla!!.

Crítica de la Última Cima


Pocas veces tiene el espectador la sensacion de haber recibido un mensaje tan directo, tan personal, tan pertinente como despues de disfrutar de este documental atractivo y dinámico sobre un tal Pablo, que, simple y llanamente, era un buen cura.

La calurosísima acogida que ha recibido por parte del público madrileño ha estado condicionada sin duda por el hecho de que en Madrid habra pocos curas de menos de cuarenta años que no hayan compartido un rato de conversación con Pablo por los pasillos del Seminario o por los de la facultad de teología San Damaso. De hecho, supongo que casi cualquier cura de Madrid sabía que el cimiento sólido en quien se apoyo nuestro obispo para levantar esta facultad y hacer de ella el maravilloso e ilusionante proyecto universitario que es ahora fue precisamente Pablo. Pero lo asombroso no es eso. Lo que al final sobrecoge es ver que todos los que han dedicado 80 minutos a esta pelicula, salen con el convencimiento de que era exactamente lo que necesitaban conocer. Era lo que de hecho yo mismo necesitaba últimamente. Un empujon de alegría un baño de esperanza, un torrente de entusiasmo, un catalizador que ensancha la fe y da sentido al tiempo que he recibido.

Imagen de la película: "La Última Cima"

Esta película no te permite salir sin que te lleves un alubión de imagenes bellisimas, un arsenal de frases míticas, un buen acopio de anécdotas que merecen resonar perennemente en nuestro interior por el realismo optimista y comprometido al que conducen suavemente y sin violencia. Sin duda, merece la pena ver La Ultima Cima, pero sobre todo merece la pena rumiarla, volver sobre ella, reconocer junto a otros que merece la pena resetear el propio sistema si es para descargarse otro en el que las bases fundamentales son mas humanas, mas bellas, mas verdaderas. La vida de Pablo merece la pena ser conocida porque hace mucho bien. Porque me ha hecho mucho bien.

Deja que un paisaje te cambie la perspectiva de todo el conjunto. Déjate interpelar por la sencilla presencia de un amigo que parece haberse detenido en su escalada hasta su ultima cima para dedicarte un instante y comunicarte lo que justo en este momento más necesitas oir. Párate, escucha, es sencillamente la vida de Pablo, un amigo.

Imagen de la película: "La Última Cima"

Pedro J. Lamata