A continuación os copiamos la felicitación de Navidad del Párroco de San Germán, el P. Enrique. Si queréis conocer cuál ha sido la homilia de Benedicto XVI en Nochebuena haced clic aquí.

 

“El Verbo se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que ha recibido del Padre como Hijo único del Padre, lleno de gracia y verdad. (1 Jn 1, 14)

En este tiempo tan especial quiero decirte con todo cariño: ¡Feliz Navidad! Mi deseo es que seas feliz en estos días en los que puede que sientas que una nube de gloria te está queriendo envolver y cubrir con su luminosa sombra. La Navidad es un canto en la tierra y en el cielo a la gloria de Dios. Y la gloria de Dios es la vida del hombre. Por eso, Dios es glorificado cuando tú vives con una vida radiante, sobreabundante. En efecto una nube de gloria rodea el misterio del Nacimiento de Jesucristo. Él es el Mesías esperado, la Sabiduría que estaba en el seno del Padre y que ahora se hace carne. Contempla la gloria de Dios en la carne débil y pobre del hombre. Contempla la grandeza soberana de Dios y la insignificancia tremenda del nacimiento de su Hijo. Contempla al Dios Niño. La Navidad es para contemplar este contraste grandioso, por no decir que escandaloso. Es un bebé que llora y ríe, que mama y moja los pañales, igualito que nosotros. En todo igual a nosotros menos en el pecado. Contempla a Jesús, Él se hizo pobre  para hacernos ricos y apostó sin titubeos por todas las pobrezas, de las que no nos  escapamos ni uno. Lo importante no es que creas que ha nacido un niño, ni siquiera que ha nacido Dios, sino  que ha nacido un Dios que te ama, te salva, te busca. Debes creer que alguien te ama gratuita e incondicionalmente, que la vida toda  tiene ya sentido. Va a nacer un niño que se llamará  Jesús («Yahveh salva»). Debes creer  que El es el único Salvador, que «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por  el cual podemos salvarnos» (Hch. 4, 12). Debes creer que no te salvarán los señores de la  tierra ni las influencias ni el dinero ni tus grandes cualidades. Debes creer que tú no te  puedes salvar solo. Debes creer que Jesús es tu Salvador. Y además, recuerda que hay muchos que no tendrán Navidad y no me refiero a los materialmente pobres, que tantas veces viven mejor que nosotros esta alegría del Dios pobre; me refiero a esa otra gente tan necesitada, que no tienen más que dinero. Esos que están  encadenados a sí mismos, prisioneros del propio egoísmo, más solos que la una, los que por más que lo intenten, no consiguen sofocar su tremenda indigencia interior ni con ruido ni con alcohol. También a estos hay que cantarles como los ángeles en la Nochebuena: “gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra paz (Lc 2,14). Cuento contigo para esta misión. Que nadie se quede sin Navidad por nuestra comodidad e indiferencia. Que nos mueva ante todo el amor. Este es el mundo en que Jesús vivió, gozó, sufrió, consoló, curó y  murió, y al que ha dejado su presencia resucitada y gloriosa. ¿Puede un  cristiano dejar de amar a este mundo? ¿Puedes tú dejar de dar a Dios gloria?”

 

P. Enrique González Torres