P. Daniel Navarro

Daniel

Me llamo Daniel  y soy sacerdote de Jesucristo por puro amor suyo desde el 3 de Mayo de 2014. ¿Qué es y supone esto para mí?

Para poder entender un poquito el por qué te contaré un poco de mi historia. Nacido en Pamplona, educado en la religión pero con una práctica “por tradición”, estudié Ingeniería Superior de Telecomunicaciones, trabajé como profesor física y matemáticas en 1º y 2º de bachillerato, trabajé como ingeniero en La Coruña, Madrid, República Checa y casi 7 años en Londres, mi salario era gigante, tuve mis novias, viaje todo lo que quise y más porque la empresa en Londres me llevaba a atender conferencias en diversos países, así conocí países como Islandia, Canadá, Grecia, Holanda, Francia, Irlanda etc…

Te cuento todo esto porque es importante para mí que sepas que tuve TODO lo  que se me decía a través de los medios de comunicación, la sociedad, amigos y yo mismo que me iba a hacer feliz. Sin embargo, todo lo descrito, que en sí era bueno y con lo que estaba contento, solo por ello mismo no me hacía feliz plenamente, siempre tenía un vacío dentro que aparecía cuando las cosas antes descritas desaparecían o llegaba a conseguirlas. Sobrevivía de buenos momentos en buenos momentos, de fin de semana en fin de semana, de fiesta en fiesta… pero el resto del tiempo, la mayoría, vacío.

En mi vida me preguntaba “¿No hay nada más? ¿Mi vida es una de tantas? ¿En general, ya está escrita?”

Me alejé de la Iglesia cuando tenía 21, eran demasiadas normas, no me encontraba querido y en lugar de ello sentía que todo se me imponía. Sin embargo, y no por casualidad, acabé volviendo al a Iglesia después de 12 años por el simple hecho de que me encontré a un grupo de personas en Londres que me escucharon y me acogieron incondicional y gratuitamente, como yo era sin más preguntas que las necesarias, todo el tiempo que iba con ellas y un día después de una eucaristía, no puedo decirlo de otra manera, me encontré con Cristo, sus dedos tocaron mi corazón y le dieron la vuelta como un calcetín y escuché la llamada a ser sacerdote, ¡va y resulta que el que yo creía que era una idea, que creía muerto y algo arcaico estaba vivo y estaba conmigo!

En cada persona oigo la voz de Cristo “¿me amas?” a lo que yo con mis imperfecciones, pecados y debilidades respondo “tú sabes que te quiero” Jn 21, 16. Para mí ser sacerdote de Jesucristo es en primer lugar, ver lo que Él es y hace conmigo, es decir, oír y ver que me dice quién soy, que me dice mi verdad queriéndome, dándose a sí mismo plenamente a mí en cada momento de mi vida, nunca más solo, nunca más no escuchado o comprendido nunca más viviendo todo solo en primera persona y en segundo lugar con mis imperfecciones, pecados y debilidades crecer en ser y decir con mi vida a cada persona que las quiero, vivir con ellas su realidad, acompañarlas en las alegrías y las dificultades, haciendo de ellas mi familia, la Iglesia.

 Al final del día, eres una vida entregada, muy cansado pero en la misma proporción al cansancio la alegría que viene de esa entrega a cada persona que te has encontrado, que son un regalo de Dios, las que me caen bien y las que me caen no tan bien, porque en la entrega como Dios se entrega a ti ves el verdadero valor de la persona que tienes enfrente…. Eres un tesoro incalculable y uno vende todo y se queda con el tesoro (Mt 13, 44 -45).