P. Isidoro Marín

Isidoro

Nací en un bonito pueblo de la provincia de Badajoz llamado Hornachos. Soy el pequeño de 11 hermanos. Mis queridos padres, como tantos extremeños pobres, en los años 60 tuvieron que emigrar a Vizcaya para trabajar cuando yo tenía 8 años y, lógicamente, allí fuimos todos a vivir.  A mis 17 años me fui a vivir a Barcelona con mi hermana mayor y al poco tiempo, en un Cursillo de Cristiandad, conocí a Jesucristo y a la Iglesia.

Desde muy pronto sentí un fuerte atractivo por consagrarme al Señor.  Y después de una experiencia en la vida contemplativa en la Trapa de Carcastillo (Navarra) fui sintiendo que el Señor me quería para si pero en el mundo, haciéndolo presente en el mundo. Necesitaba dar a los demás a Jesús, que ha sido mi salvación y mi fortuna. Así surgió el encaminarme hacia el Seminario donde me formaría para ser sacerdote de Jesucristo pero en medio del mundo.

Mi director espiritual me orientó hacia el Seminario Diocesano de Toledo, donde había entonces un ambiente sereno en lo intelectual y en lo religioso. Y es que en esa época estaban las cosas un  poco revueltas en muchos  seminarios. En Toledo sólo se enseñaba a ser cura, nada más y nada menos, y era precisamente para lo que sentía que el Señor me llamaba. Ingresé en este  Seminario en 1980 y después de 8 años gozosos e intensos  en lo vivencial y en lo formativo, el Señor me ordenó presbítero de manos de mi querido D. Marcelo González Martín, Arzobispo de Toledo, el 20 de Marzo de 1988.

He estado viviendo con enorme gozo mi ministerio sacerdotal en diversos pueblos de mi bendita Diócesis de Toledo durante 22 años, y desde hace unos tres años, la providencia y motivos de salud, me han traído a esta bendita Diócesis de Madrid.

Y es la misma Providencia Divina, por medio del señor Vicario Episcopal, quien me destinó a colaborar en esta parroquia de San Germán donde, desde muy pronto, tanto por parte de los sacerdotes como por parte de los fieles, me he sentido como en casa. En poco tiempo he ido sintiendo como que San Germán es mi familia desde siempre, porque lo que uno nota, nada más estar aquí, es que todos buscamos amar y dejarnos amar por el Señor y colaborar para que  todo el mundo lo conozca y lo ame. Siento que hay una enorme actividad y diversidad de “movidas”, pero que por encima, en el medio, por debajo, en el fondo, siempre prima en todos nosotros, de una u otra manera, amar al Señor y que otros muchos le amen.